| Cómo el Yoga ayuda a conseguir una sexualidad plena Mucho se ha hablado últimamente de la relación existente entre el Yoga y el sexo; pero poco o nada se le ha informado a la gente al respecto. En esta nota usted encontrará, expresado con sencillez y claridad, todo lo que esta milenaria disciplina puede ayudar a la sexualidad de quienes la practican. Decía Mataji Indra Devi: “Para el hombre o la mujer corrientes, que jamás han aspirado a ser yoguis o ascetas, el sexo es una fuerza subyugadora. Los ejercicios del Yoga le serán de gran utilidad, bien transmutando sus energías sexuales, bien haciéndolas expresar más bella y plenamente que antes de haberse introducido en su conocimiento”. Desde la más remota antigüedad, los maestros del Yoga han considerado al sexo como un don de los dioses, que acerca al ser humano a una comprensión más profunda de su estado de éxtasis divino. Han tratado el tema desde todos sus aspectos: el psíquico, el espiritual y, obviamente, el físico. Aun más, han creado una serie de normas sobre higiene sexual entre las cuales le otorgan un lugar de preponderancia a la esmerada limpieza del cuerpo (realmente de avanzada si pensamos que se calcula que el Yoga empezó a practicarse hace unos 10.000 años). Ahora bien, la pregunta del millón sería: ¿en qué puede ayudar una disciplina milenaria a la sexualidad de quienes vivimos hoy en día? Fundamentalmente de dos maneras: bajando su nivel de estrés mediante la meditación y la relajación; e incrementando la actividad de sus glándulas sexuales mediante la práctica de una serie de posturas indicadas para ello. La meditación tiene como objetivo lograr la quietud y el apaciguamiento de nuestra mente. Meditar no es dejar vagar la mente en forma totalmente libre sino, muy por el contrario, centrarla en un punto. Para esto podemos utilizar distintos elementos: mantras, objetos externos (la llama de una vela, una flor, una imagen) o internos (la respiración, los latidos del corazón). Poco a poco podremos disminuir la emisión de pensamientos, un objetivo al que arribaremos a través de la práctica constante y bajo la guía de un instructor o de un maestro experimentado. Todos estos pasos logran cambiar la vida del individuo de una manera fundamental. Con el tiempo, el practicante duerme mejor, tiene más alegría, está más predispuesto para el amor y alcanza mayor claridad mental. También su salud se ve beneficiada y desaparecen, entre otras dolencias, los resfríos, las fiebres, el estreñimiento, los dolores de cabeza y el estrés. Como si eso fuera poco, el practicante se siente más joven y lleno de vida, independientemente de la edad que posea. La relajación en forma consciente y dirigida también aporta lo suyo, ya que ayuda a recomponer el equilibrio energético en nuestro cuerpo, aflojándolo y liberándolo de las tensiones que se producen como la consecuencia natural de las presiones que se soportan cotidianamente y que impiden tener una buena calidad de vida. Las ásanas o posturas del Yoga constituyen un arte que se aplica a la anatomía del cuerpo humano. No se trata de ejercicios de gimnasia, que sólo involucran a nuestros músculos, sino que tienden a normalizar las funciones de todo el organismo. ¿Por qué decimos esto? Porque regulan los procesos involuntarios de la respiración, la circulación, la digestión, el metabolismo y la eliminación, afectando el funcionamiento de todas las glándulas y órganos, así como el sistema nervioso y nuestra actividad psíquica. La respiración completa que se practica mientras el cuerpo adopta las distintas posturas es esencial para lograr los efectos deseados a través de la práctica del Yoga. Las posturas que ejercen una considerable influencia sobre la actividad de las glándulas sexuales y sobre la mente son las llamadas posturas invertidas (la Viparita Karani Mudra o Vela, y la Parada de Cabeza o Shirshasana), que estimulan el funcionamiento de las glándulas pituitaria y tiroides –y ambas están directamente relacionadas con nuestras glándulas sexuales. |