| El asma Una enfermedad con múltiples nombres –bronco espasmo, espasmo bronquial, bronquitis asmática– que asusta mucho y de la cual se conoce poco. A qué se llama asma? Una importante proporción de los niños que nacen cada año posee una proteína en su sangre (la IgE) que, en vez de producir los anticuerpos necesarios para protegerlos de las agresiones externas, genera otro tipo de reacción química, que da como resultado la llamada inflamación alérgica. En el caso de los asmáticos, a raíz de este proceso los bronquios son hipersensibles y reaccionan frente a gran variedad de causas que normalmente no provocan problemas, por ejemplo, el polvo de las casas o el polen de ciertas plantas. Es así como los músculos de la pared de los bronquios se contraen y se estrechan, produciendo la dificultad respiratoria y los silbidos característicos, a lo que frecuentemente se le agrega la congestión de las vías aéreas, tal como sucede en un resfrío. La inflamación de la pared bronquial hace que además se produzca una espesa mucosidad, que contribuye a empeorar el pasaje del aire, haciendo que el esfuerzo por respirar aumente considerablemente y dando paso así al ataque de asma. "De acuerdo a las estadísticas –explica el Dr. Jorge Alberto Rosso, médico alergista y neumólogo del Hospital Británico de Buenos Aires– un 10% de la población es alérgica; de ese 10%, entre un 50 y un 70% sufre de asma y sólo un 30% está tratado correctamente, pudiendo desarrollar una vida plena sin ningún tipo de limitaciones; sin embargo, el subtratamiento de la enfermedad se convierte en el principal motivo por el que la mortalidad no disminuye. De ahí la importancia de un buen diagnóstico, de la información que el paciente tenga sobre asma y de la constancia y seriedad que ponga éste a la hora de seguir el tratamiento adecuado bajo la supervisión de un médico especialista". En la actualidad, factores tales como la polución ambiental, el síndrome de las casas cerradas y el stress son los que producen un notable aumento del número de enfermos. El 85% de los casos que se inician en la niñez y en la adolescencia es de origen alérgico; en cambio, en los adultos el asma suele ser la consecuencia de otras enfermedades que predisponen al bronquio a contraer este mal en forma crónica o bien se debe a causas laborales. Las alergias que pueden llegar a desencadenar una crisis son varias y pueden estar relacionadas con algún alimento, un medicamento o con determinados componentes del medio ambiente (polen de plátanos, ciertos hongos de la humedad o los tan famosos ácaros, esos microscópicos insectos similares a garrapatas que habitan por millones en colchones, almohadones o en el polvo de las casas). Con el asma no existen edades claves. Puede notarse su presencia en el primer año de vida, en la época de ingreso al jardín de infantes, durante la etapa del desarrollo, en la adultez, en la menopausia de la mujer o en el momento en que el hombre se jubila, sin nunca se haya experimentado antes síntoma alguno. El asma bronquial, al igual que todas las enfermedades crónicas, necesita de un tratamiento prolongado. De acuerdo a su origen multifactorial y a sus diversos grados de intensidad (leve, moderada o severa), el tratamiento tiene que adecuarse a cada paciente en particular, aunque en todos los casos son cuatro los puntos básicos: Es sumamente útil que cada paciente conozca su enfermedad, las características, el grado de intensidad, lo que le produce las crisis, cómo prevenirlas y cómo tratarlas. En el asma alérgico (la mayoría de los casos) es de suma importancia que el paciente evite el contacto con las sustancias que desencadenan los ataques y con los irritantes de las vías aéreas. Éstas son las que permiten disminuir la sensibilidad alérgica de los pacientes, con lo que se logra espaciar las crisis asmáticas. En este aspecto, se puede decir que se está al mismo nivel que los países más avanzados del mundo. Como en todas las enfermedades alérgicas, en el asma se deben diferenciar dos tipos de tratamientos: el preventivo y el de la crisis. Los medicamentos preventivos se deben tomar en forma continuada; con ellos se busca evitar la aparición de la crisis. Algunos son preventivos puros y otros tienen además una acción broncodilatadora. Estos medicamentos se administran en aerosol y tienen la ventaja de actuar directamente sobre el bronquio, absorbiéndose muy poco y actuando en forma más rápida que por vía oral. También existen inhaladores de polvo seco, que no utilizan gas y son más fáciles de usar que los aerosoles habituales. El tratamiento de la crisis debe ser precoz. Cuanto más temprano se haga, más fácilmente cederá. Por eso, ante la aparición de una crisis que no cede con dos disparos de un aerosol broncodilatador, repetidos a los cinco minutos, lo mejor es llamar al médico o llevar directamente al paciente a un servicio de guardia. Agradecemos el asesoramiento proporcionado por Fundaler (Fundación para el Estudio del Asma y otras Enfermedades Alérgicas) El Yoga se ha convertido hoy en día, en Occidente, en una herramienta poderosa para revertir y atenuar el asma. Las crisis se producen generalmente como consecuencia de circunstancias afectivas o emocionales que alteran el equilibrio psico-emocional de quien las sufre. La respiración y la relajación, junto al desarrollo de una mejor concentración, hacen posible llegar en última instancia a la meditación. En este nivel, la mente alcanza su máximo estado de paz y armonía. Y si la paz y la armonía dicen "presente" en nuestras vidas cada día con mayor frecuencia, entonces los procesos de sanación, innatos y naturales en el ser humano, realizarán el resto de la tarea. En síntesis, la función principal del Yoga es reestablecer la paz. La paz no es la que se logra en ausencia de situaciones conflictivas; la verdadera paz es la que se logra mantener aun en medio de los conflictos. • La histamina del sistema respiratorio aumenta • Los pulmones eliminan la mucosa acumulada en ellos • Se aprende a usar mejor los pulmones por la ejercitación de la respiración completa • La tensión de los músculos del pecho disminuye, por lo que éstos se relajan • Se desbloquea energéticamente el cuerpo y suben los niveles de energía • El cuerpo y la mente entran en un estado de calma y armonía • Se gana lentamente maestría en el manejo de los reflejos de los nervios involuntarios. Esto, como consecuencia, reduce la hiperactividad los nervios parasimpáticos • El Yoga también puede ayudar durante un ataque de asma, ya que incrementa la capacidad de relajarse, de controlar la respiración, con lo que se reduce la sensación de pánico. Las más beneficiosas para quienes sufren asma son: ejercicios de ablandamiento, triángulos o trikonasanas, cobra o bujhangasana, arco o danhurasana, pelviana invertida o viparita karani mudra, la vela o sarvangasana, el pez o matsyasana, pelviana supina, torsión o ardha matsyendrasana. Son sumamente beneficiosos, pues afectan profundamente al aparato respiratorio. Respirando por partes aprendemos a descubrir la real dimensión de nuestros pulmones. La respiración rápida abdominal estimula los tejidos del pulmón, relaja los músculos del pecho y energiza todo el organismo. La respiración alternada produce el efecto de calmarnos y, si se la trabaja junto con la meditación, brinda armonía y paz. La mejor posición para realizarla es recostado sobre una colchoneta. Tratando de mantener el cuerpo lo más relajado posible, apoyamos ambas palmas sobre el abdomen, desde el centro hacia los lados. Al inhalar percibimos cómo llevamos el aire con exclusividad hacia la parte baja del pulmón; entonces notaremos que el vientre se expande como un globo. Al exhalar, también por la nariz, se contrae. Se repite cinco veces, manteniendo el pecho, los hombros y los brazos relajados, y la mente fija en el ir y venir de la respiración. Luego colocamos las palmas de ambas manos sobre las costillas, entre el pecho y el ombligo. Inhalando, llevamos el aire a la zona del cuerpo donde tenemos apoyadas las manos; se expanden las costillas hacia arriba y afuera y, al exhalar, se contraen, se aflojan. La mente va siguiendo y dirigiendo la respiración. Se repite cinco veces. Por último, apoyamos ambas manos entre el pecho y las clavículas; inhalando llevamos el aire a esa parte de nuestro cuerpo, que se expande y que, al exhalar, se contrae. Se repite cinco veces. Al inhalar llevamos el aire hacia la parte baja del pulmón; al exhalar, el abdomen se contrae. Este movimiento debe hacerse rápidamente, con energía y con ritmo. Se repiten dos series de veinte respiraciones cada una. Elevamos la mano derecha a la altura de la nariz; apoyamos las yemas de los dedos mayor e índice a la altura del entrecejo; con el dedo pulgar tapamos la fosa nasal derecha; nos quedan libres el meñique y anular, los que utilizaremos para tapar cuando necesitemos la fosa nasal izquierda. Inhalamos por la fosa nasal izquierda, tapamos dicha fosa nasal y exhalamos por la derecha; inhalamos por la derecha, tapamos esa fosa y exhalamos por la izquierda. Así completamos una vuelta. Se repiten dos series de cinco veces cada una. Terminamos exhalando por la fosa nasal derecha. Otra forma de colocar la mano es plegando los dedos mayor e índice contra la palma, en vishnu mudra, en vez de apoyarlos sobre el entrecejo. Mataji Indra Devi recomienda, en caso de un ataque de asma, recostarse sobre una cama con las piernas colgando desde las rodillas hacia el piso, sin almohada, con los brazos estirados a ambos lados de la cabeza, e inhalar con fuerza y exhalar por la boca. Se debe practicar esta respiración varias veces, descansar y volverla a repetir. Luego hay que seguir con la respiración completa, tratando de llenar la parte baja, media y alta del pulmón. También es bueno tomar un vaso de agua tibia cada quince minutos mientras duren los espasmos. Para obtener óptimos resultados, recomendamos la práctica diaria de una hora de Yoga. En los casos severos deberá continuarse ésta durante por lo menos uno a dos años. |