La llamada “generación intermedia” es la etapa comprendida entre los treinta y los sesenta años. Momento clave en la vida de todo ser humano ya que en él se alcanza la plenitud tanto en lo personal como en lo laboral. Desde luego que para lograrlo no todas son rosas, las tensiones que provocan los problemas que se viven a diario, los deseos incumplidos y el estrés van formando parte del contenido de la famosa “mochila” cada vez más pesada y difícil de cargar que, poco a poco, va deteriorando nuestra salud. El insomnio, la obesidad, los molestos dolores de espalda por contracturas, la depresión, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y tantas otras dolencias, suelen ser la respuesta de nuestro organismo a corto o largo plazo. Lamentablemente, la educación formal en ninguno de sus ámbitos (escuela primaria, secundaria o universidad), enseña la manera de aligerar tanto peso en beneficio de una existencia más sana y más plena.

La medicina, la psicología, el deporte y el esparcimiento ayudan, pero no todos tienen tiempo ni posibilidades para acercarse a ellos. La verdadera solución está en encontrar un camino accesible, que esté al alcance de la mano de todos y no genere ningún tipo de dependencia (quién no tiene algún amigo que toma la pastillita roja para dormir, la celeste para despertarse, la amarilla para...) Esa alternativa que de tan sana y natural nos acerca a nuestra propia esencia es el Yoga.

Cada uno de los problemas que empiezan a afectar la calidad de vida de quienes atraviesan esta etapa pueden ser evitados, mejorados y, en ciertos casos, superados gracias a la práctica de asanas específicas, de la respiración yóguica , la meditación y la relajación.

Lo ideal es no permitir que los malos hábitos de vida, la tensión, la mala alimentación y el sedentarismo deterioren nuestra salud, los representantes de la generación intermedia están en una muy buena edad para evitar que su cuerpo enferme, se deteriore y envejezca. Entonces, ¿por qué no intentarlo?